la desesperanza en lo desaprendido
En el descontento político se han sembrado las esperanzas de nuevos paradigmas para el horizonte humano; tu vida, la de tu amigo, la de tu mamá y la de ese gran amor penden de una cuerda que resulta nunca estuvo floja, sino, desdibujada. En la orfandad dirigente que nos encuentra desorganizados y vulnerablemente desprotegidos, debería hallarse, por lo menos en lo próximo y cercano, la clave para destrabar el horror de nuestro presente. Pero, la historia encarnada en un sabio de aquellos pasados, predice nuestro horroroso final: la repetición de las repeticiones, lo cíclico e inevitable, lo desaprendido.
Parada en el medio del caos, en el cultivo de una guerra que en pos de una deshumanización del alma y a merced de las corporaciones busca vender nuestros sueños, me pregunto qué fueron de aquellas heridas que hoy parecen moneda corriente, ¿dónde aparece el dolor si no es en el frío que culmina el hogar cuando el pasado se encarna en un terror que no queremos repetir?. Hablo y repaso las diferencias, lo especial de la mirada ajena, la interconectividad y el problema del desencuentro, ese que nos ubica en la distancia y no en esa formadora de alianzas.
Todas son sensaciones, todo es subjetivo y en ese piso que queda sin pactar renacen los escenarios que debemos quitar del camino. Ahora, ¿Qué es aquello por lo que deberíamos luchar si pareciera, de manera totalmente irónica, que cada vez nos conocemos menos? ¿Cuál es ese punto de partida?.
He de decir que comprendo lo inquieta que resulta ser la experiencia misma de la vida estando acá y como el bienestar pareciera ser solo momentáneo. Pero la utopia no puede servir solo para caminar, tenemos que ser portadores de luchas que permanezcan y nos habiten como aquello ganado, aquello que se quede con nosotros y no que se nos escape con el presidente de turno. De ahí encuentro el agote que nos es contemporáneo. Hemos perdido, entre otras cosas, la capacidad de creer en la política como herramienta transformadora, cambiándola como una que es el pasaje a eso otro que resulta significativo unos años, hasta que es irrumpido por lo contrario, el polo que lo disputa y termina por hegemonizarse.
¿Qué pasa cuando la historia no es suficiente ni siquiera para aquellos que han sido partícipes de ella? No quiero parecer vocera de la idea de soñar con una sociedad homogeneizada, porque me resulta irritante. No todo es un lavado de cerebro amigos, pero necesitamos volver a creer que nos merecemos lo mejor. La costumbre nos dejó vaciados de proyección, idiotizados en la espera del fin del mundo. Y Creo que lo peligroso de ese hartazgo es la quietud, y con ella lo moldeable de nuestras ideas.
La urgencia no queda clara, por lo menos no para todos, y el diagnóstico que se me aparece se relaciona con lo descartable del mundo actual. Si todo es desechable, si la banalidad copó lo mainstream, ¿Como es que podremos divisar lo importante, el sentido inicial de la cuestión? Ya nada prevalece demasiado porque dura 3 días en la conversación con amigos y eso es un problema. La normalización del horror es parte de que tengamos a este intento de gobierno en el poder. Y el problema con el poder es que ya no importa tanto cuestionarlo: es más fácil bajar línea de pelotudeces en Twitter.
Se desdibujó el sentido mismo de la crítica, la rebeldía, lo disruptivo. No podemos cambiar nuestro presente haciendo millonarios a gente que hace de la cultura un negocio y de las canciones un hit. Y lo que particularmente me preocupa es que no seamos capaces de comprender este cambio de paradigma y como nos afecta. Esa desprotección hacia el arte, sobretodo al nacional, nos desapega del sentido de identidad que somos responsables de portar para que la soberanía no se transforme en un mito.
¿Como es posible que en la tierra de Mercedes Sosa, Charly García, María Elena walsh, Maradona, permitamos rematar la patria como si fuera un capital?. ¿Será porque dejamos que de repente nos represente otro tipo de gente? ¿Quienes son aquellos a los que les damos entidad y de repente están en lo más alto?
Es en esa sociedad del consumo, en estas formas que ahora nos son tan normales, donde irrumpen parte de nuestras problemáticas. Es en esa práctica de colonialidad, que resulta borrosa la pasión real y auténtica por defender lo nuestro. Si ellos nos quieren adormecidos, tenemos que ser el contrapunto que se reafirme estando despiertos y dispuestos a dar la pelea para salvar algo de eso que somos y nos quieren arrebatar. O algo de eso que perdimos y necesitamos reconquistar.
En Argentina históricamente hemos alzado la bandera de defender lo nuestro con orgullo, incluso hasta las falencias que hacen a nuestra identidad. El fenómeno político actual hizo que creamos que todo lo construido fueron errores que debemos borrar del tablero. En la época de la sobreconceptualización, esto no queda atrás, limitando todo tipo de análisis y polarizando las opiniones en bandos. Ellos no nos quieren, amigos. Y es nuestro trabajo volver a entender que el cine no es un curro y que no todos aman a su país.
Despertemos las ilusiones que son las unicas portadoras de esperanzas. Pero por sobre todo, recuperemos la fuerza para defender lo nuestro, volvamos a creer que somos capaces de estar mejor y de llevar al país a lo más alto. En la claridad de los objetivos estan las respuestas pero sobre todo las preguntas. Volvamos a hacernos preguntas, que el futuro viene en camino y va a ser el hogar de nuestros hijos. Hagamos lo mejor aunque sea para ellos, si todavia nos importa.